Mostrando entradas con la etiqueta POESÍA MOLESTA. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta POESÍA MOLESTA. Mostrar todas las entradas

viernes, 30 de noviembre de 2018

AQUÍ


Aquí
reparten si lo que dices
pulveriza lo que piensan.

Te hacen otro.
Cacarean incansables.
Gallinas.

No se puede hablar
de la aurora, aunque
no sea bella.

Juzgan el temor,
la burla, el colchón
lleno de chinches.

Torpedean
alemanamente
los cargueros de flores.

Silban disimulo.
Ocasionan problemas.
Luego se van.

Nos dejan
todo desierto.
Lacerándonos.

Vendrán luego
a por los restos.
A por lo fósil.

Cagan bien.
Tranquilos.
Sudan en silencio.

Cercenan la paz
de los retretes.
Es sólo mierda.

Nada es tan sublime.

PORNO


El atletismo sexual.
El poder de creer que cuanto más
mejor; robotización del deseo.
Cadena de montaje del instinto.
Insistencia en lo brutal de la carne.
Hipertrofia de la pasión.

Objetos que se deshacen del amor.
Publicidad de cuerpos
desalojándose de toda ternura,
frenética sobredosis,
patética demostración hercúlea
de la tosca ansiedad por derramarse.

Patético recreo de malfollados.
Consuelo de solterías.
Recurso fácil para la privada culpa.
Orgasmos en serie de segunda.
Amarga sensación de pubertades
no resueltas. Conformismo de tímidos.

Connivencia con la sordidez. Impunidad
de humillación mutua.
Nada diferente a asistir al descuartizamiento
de un disidente saudí, o al corrosivo erotismo
del poder de la tortura.
A la violenta moral de lo inmediato.

Al fervor por un pedazo de madera
que mueve montañas, colapsa autopistas,
acorrala a mujeres, a infancias. Tren que descarrila
virginidades, como quien cocina
un plato de pasta después de conjurar
contra los ángeles custodios todas las caídas.

Lo que entra por los ojos sin pasar por la conciencia.
Homeopatía del placer de amarse.
Desmantelamiento de toda sutileza,
de todo temblor, desahucio del gusto.
Redada en el barrio marginal
de la hermosa libertad de lo espontáneo.

martes, 24 de julio de 2018

CORRE

Corre.
Corre hasta donde no puedas.
Te cansarás pronto, y al caer
rindiéndote sobre la hierba,
entenderás para qué me acerco.
Cómo la vereda, de repente,
se hace antesala de algo extraño.
Sin erizos, conejos, murciélagos.
De pronto se nubla.
Apareces mañana.

OMPHALOS

Ombligo del mundo
que quitas el pecado de Dios.
Gran omphalos del que todo surge:
sede central de tu ser,
trono áureo desde el que tu ego
me observa, desde las alturas;
alza tu vara de medir el universo.
Sométeme.
No soy digno de tu perfección,
de tu solo nombre,
de tu verborrea centrípeta,
de tu cosmética excelencia.

Muéstrame el oasis donde saciar
la sed de tu gloriosa presencia
junto al resto de mortales,
donde sorber de tu divina fuente
todo el perdón que nos concedas.
Faro de la humanidad,
poderoso imán para polillas descarriadas.
Aliméntame con tu grandeza,
con tu retórica sublime,
embelésame con tu esbelta figura,
—¿no ves cómo resplandecen
mis ojos al mirarte?—

Bríndame la gracia eterna,
la perenne dicha de tus designios.
Que mi destino sea ocuparme
constantemente en tus asuntos,
de tus deseos, de tu venerable veleidad.
Hazme honorable esclavo de tus caprichos,
custodio de tus repujados pabellones,
tenme a tu merced —te lo ruego—.
Seré tu mejor bufón, tu más dócil eunuco,
servil chambelán de tu magníficos dominios,
devoto de tu justa tiranía, de tu imperio inmortal.
Resérvame un lugar bajo tu palio
para poder parar el tiempo
cuando se abran las puertas del palacio
y tu séquito haya dispuesto ante tus súbditos
el inmenso y florido palanquín
sobre el que alzarte, saludando displicente,
al son de las trompetas, por el camino fastuoso
hacia tu estrepitoso olvido triunfal.

lunes, 23 de julio de 2018

MANIFIESTO DE LA POESÍA MOLESTA

Busco la manera de causarte el menor daño. Sólo mortificarte la belleza un rato. Causarte asco, hedor, disgusto por la palabra. Busco la manera de ser impertinente, procaz, perverso. Que te suponga molestia leerme, que perturbe toda paz y que seas cómplice por ello. Que te enfades conmigo. Escandalizarte, avergonzarte. Sin ser soez, ni vulgar. Baste una cortés irreverencia, sutilmente atroz. Busco formas de inquietante sigilo, una sensación de vigilancia. De rechazo. Que pierdas el control. Que grites. Que por una vez te hierva la sangre. No es nada personal.